Raquel Gomez

Iba caminando por la calle cuando un hombre en un carro paro justo donde yo iba a cruzar! y me dijo que subiera. Cuando dije que no entonces la situacion cambio un poco diciendo: ¨pero veni princesa, que yo se que vamos para el mismo lado¨ No me quedo de otra que tomar un camino mucho mas largo a pie para poder dejar de sentirme en peligro por el.

Alma

Me pasa siempre que voy por la calle que hombres te voltean a ver la cara insistentemente y tu asi como de: No voy a voltear, dejame caminar tranquila, no te conozco ni me interesa conocerte

AMAS

Llegue a este sitio porque vi la conferencia de Laura Bates de TED en Youtube y quise compartir mi historia. Hace dos años antes de entrar a la universidad (justamente en verano), estaba saliendo de mi casa cuando en la esquina un hombre en bicicleta paso y me gritó “MAMAMELA CHIQUITA, MAMAMELA!”. Yo espantada quede en shock, quise regresar a mi casa pero tenia que ir a hacer diligencias. Al siguiente día, salí otra vez y me encontré al mismo hombre en su bicicleta, pasando por la misma calle. Al verme solo se rió y yo seguí mi camino esperando que no me vuelva a decir nada mas. Entrando a la universidad, en una materia nos dejaron hacer una investigación de lo que queramos (yo estudio psicología). Todos empezaron a compartir con la clase su tema de investigación y cuando dije que quería investigar sobre el acoso callejero y como las mujeres jóvenes viven esto, mi maestro, el cual es uno de los mejores que hay en mi carrera (mas preparado y el que mejor enseña), me dijo “Por que te molesta eso? Al menos te dicen algo en la calle, preocúpate que no te lo digan”. en serio me preocupa que hombres preparados y educados piensen que esta bien estas faltas de respeto. No sé si suena muy paranoico, no sé si las demás personas se lo toman a la ligera, pero no me gusta que los hombre me suenen el claxon cuando voy caminando, no me gusta que me digan “piropos” ni que me digan “buenos días” o “buenas tardes” en un tono que mas que educado y cordial, se nota la intención morbosa. Lo siento como una falta de respeto, no lo tomo como cumplido, siento como si para los hombres ese fuera un juego y las mujeres los juguetes. Pero viviendo en México la verdad es que no se puede hacer mucho para defenderte en estas situaciones porque uno nunca sabe si esta persona te puede hacer algo después. Me gustaría hacer algo para que tanto hombres aprendan a respetar a las mujeres, como también las mujeres alcemos la voz y que sentamos en un ambiente seguro para hacerlo.

Maite

Llegué a vivir a México y empecé a compartir con personas de mi tipo: estudiadas, con experiencia, ya adultas. Establecí entonces una relación con un hombre que había pasado por relaciones, sobre todo una muy importante, que le enseñó que hay cosas que no se deben hacer como “mechoniar a su novia enfrente de las personas”. Sus relatos me parecieron que eran maneras de establecer que había recapacitado y que lejos estaba de hacer cosas por el estilo. Aunque la anécdota cabe recordar, estaba acompañada por un comentario que hizo su hermano el día del suceso: “está bien que le pegues, pero no en público”. La señal era suficiente pero como estaba entre personas estudiadas, que debaten, dije: O.K. aquí hay de que hablar. Con el paso de los días me percaté cómo su inteligencia auspiciaba su machismo. Así empezaron las conversaciones de whatsapp en la que un comentario mío de “estoy tomándome un café” terminaron con preguntas ¿Con quién chingados te estás tomando un café? o la exigencia de poder ver la foto de cada amigo o amiga que tenía. Cuando eran mujeres siempre estaban acompañadas de comentarios ” a ver si está buena” y cuando era un chico, un vistazo. Supongo que para verificar si estaba guapo. Esto me causó molestia pero todo empeoró cuando tenía planes con amigos y amigas y tenía que describir con quiénes iría, que tipo de relación tenían conmigo, dónde los había conocido. La pregunta se repetía siempre y parecía que no se acordara de que ya le había hablado de las mismas personas. Yo nunca hago estas preguntas así que noté que este tipo de control era algo que nunca había vivido. Lo que colmó mi paciencia y detuvo el encanto por este hombre, es que desaparecía cuando quería y cuando quería estar conmigo era casi un mandato que estuviese en mi casa esperándolo. No contestaba mis correos pero si dejaba de escribirle me preguntaba que por qué tan desaparecida. Llegaron entonces las llamadas a la media noche y mensajes: Te espero afuera. Voy por tí. Arréglate. ¿Con quién estás? ¿Dónde estás? Pese a no contestar, porque no es manera, pensé, en los días siguientes se daban llamadas o visitas en las que no se hacían comentarios al respecto. Incluso hubo ocasión que me sentí mal por no haber llevado el móvil y por no haber contestado. Estaba en la situación en la que yo debía pedir disculpas por no estar para él o de sentir remordimiento por haber salido. ¿Cuándo lo volvería a ver? Cuando el quisiera. Entonces ¿debía quedarme esperando su llamada? Al principio pensé que era cosa de tragos, pues las llamadas de media noche se daban cuando estaba de fiesta, pero hablando con varias mujeres me di cuenta que aquí muchos hombres quieren que las mujeres estemos disponibles cuando ellos quieren y que tienen esa manera de controlar. Al replicar el porqué me hacía esas preguntas, siempre recibí respuestas como que era solo para hacer la conversación y que si no quería contar estaba bien. Pero se que no es así. Lo más indignante de todo es que al hacer el reclamo por su control soterrado me exigió hacia el respeto y además me recomendó bañarme la cabeza con agua fría para que se me quitara el enojo acompañado de las palabras “cálmate” y “tranquila”. Todo el tiempo te dicen acá los hombres, “cálmate, cálmate” o “tranquila, tranquila” como si toda contra argumentación fuera un signo de locura, de esa locura femenina que ellos se han inventado para no escuchar lo perverso que es el sexismo. Todavía sigo atónita porque no se cómo yo, una mujer formada, todavía desconoce la filigrana con la que se teje el machismo y termina envuelta en situaciones ambivalentes frente a lo que es el respeto hacia sí misma.

Nin

Vivo a más de una hora del lugar de donde estudio, una noche regresaba a casa con una compañera íbamos sentadas en los últimos puestos del bus cuando un tipo se quedo observándonos nosotras íbamos concentradas en nuestros asuntos hasta que notamos que aquel sacó su pene y comenzó a tocarse, estaba muy asustada y no sabia qué hacer. Al llegar a casa le conté a mi novio lo sucedido y le dio una importancia igual a cero a lo que yo le contaba como si fuera lo más normal del mundo.

92

Me cuesta trabajo comprender la forma en la que muchos hombres visualizan nuestras capacidades, específicamente mi jefe, es uno de esos individuos que se la pasa alardeando de la poca inteligencia de las mujeres. Cuando me contrató me dijo que esperaba que no solo fuera una cara bonita, cara bonita que me recuerda cada que puede, lo cual además de ser incomodo me molesta, en muchas ocasiones una posición de autoridad sobre una mujer, les da cierto poder que no tienen para hacer observaciones que nadie les pidió. Cada vez que dice que una mujer es estúpida, que no sabe discernir ni aportar nada bueno, me dan ganas de decirle que es un imbécil y renunciar.

AT

Hace unos meses mientras esperaba el camion que me lleva a la escuela estaba escuchando música y no había nadie en la parada, a excepción de unas señoras que se encontraban a unos metros de distancia. Estaba distraída con la música y viendo si el camion ya venía por lo que no reparé en un señor que acababa de llegar en una bicicleta. Estuvo un rato ahí parado hasta que comenzó a caminar y dar vueltas como si la cantidad de ropa que utilice no define la cantidad de respeto que merezco. hablando solo así que le resté importancia y me volteé. Inmediatamente después sentí una mano en mis genitales y cuando me fijé era el mismo señor de la bicicleta, que solo se alejó y empezó a reír. Yo no supe como reaccionar y sólo alcancé a gritarle “¿qué te pasa imbécil?” pero él ya iba lejos en su bicicleta. Las señoras que estaban por ahí solo se me quedaron viendo como si estuviera loca en lugar de hacer algo. Yo me estaba impactada porque jamás me había pasado nada parecido en mis 19 años de vida. Había recibido “piropos” y miradas lascivas pero jamás me habían manoseado. No creí que fuera algo que me llegaría a pasar porque no soy una mujer de un cuerpo escultural y ahora me doy cuenta que esa forma de pensar también es machismo.

Maria José

Una vez estaba peleando con mi novio porque la mamá de él me dijo que “una mujer debe cocinar si se quiere casar” y yo le dije que no estaba de acuerdo, que a mi me gusta cocinar de vez en cuando pero no por obligación, sino por alimentarle, y me dijo “mi mamá piensa así y a nosotros no nos enseñó a cocinar, sólo a mi prima”. Es indignante cómo hasta hoy día tengamos que “deber” hacer algo para poder casarse.

María José

La vez pasada estaba con mis amigos hombres por un pastizal y uno de ellos se asustó porque pasó una rata a su lado. Uno de mis amigos dijo “Uy, vamos y compramos tampones para usted que parece mujer” y se rieron todos los hombres menos mi amigo que se asustó y yo. Yo les dije que yo soy mujer y que no me asustaban las ratas, y me dijeron “pues es porque eres como un hombre, por eso somos tan buenos amigos”. Mis amigos se rieron menos el que se asustó, y me quedé callada porque me di cuenta que lo decía como un comentario para ser “cool” con los hombres. Es triste que tengamos que ofender al otro sexo para encajar en un grupo social.