Magdalena

Soy chilena y esto empezó cuando tenía 13 años, han pasado dos años desde entonces, iba caminando por la calle para juntarme con mis amigos en el mall. En eso pasa una camioneta por mi lado y tocan la bocina. Consideré extraña la situación pues no habían autos cerca a quienes dirijirles el bocinazo y como nunca había sido víctima antes lo pasé por alto. Cabe destacar que yo vestía un short y una polera manga corta pues era verano, a mi parecer no era en absoluto provocativo y era mediodía. Seguí caminando y me empecé a acercar a calles más concurridas, fue una pesadilla, cada dos pasos que daba un hombre me quedaba mirando, me tiraban bocinazos y “halagos” pero nada de cosas tiernas como linda o bonita sino mijita rica, ¿Qué no te hago mamasita?, exquisita. Por decir los menos asquerosos. Yo llevaba lentes oscuros y probablemente por eso no notaron que yo estaba llorando, jamás en mi vida me había sentido más sexualizada nunca me había sentido tan disconforme con mi apariencia, a diferencia de la mañana ya no me sentía linda, ahora quería desaparecer. Seguí caminando un par de cuadras y afloró en mi una impotencia, una rabia gigante. Esos hombres podrían haber sido perfectamente mi padre o mi abuelo y tristemente no podía decirles nada porque ¿Qué ocurría si uno se bajaba del auto? ¿Si uno se enojaba y me golpeaba? Por el resto de la tarde no pude olvidar el incidente y aunque me forcé a pasarla bien con mis amigos no tardé en volver a temer cuando tenía que volver a casa. La vuelta no fue diferente, me gritaron de todo y tuve que ignorar de todo. Al llegar a mi casa le dije a mi madre y ella contestó que sería mejor acostumbrarme a la situación yo siendo tan pequeña le hice caso pero siempre con la convicción de que esto no era normal. De ahí en adelante seguí saliendo, evitando calles muy transitadas y aunque fuera verano siempre llevaba conmigo una chaqueta para taparme, me la saco a penas llego a mi destino y muchas veces me han dicho que ¿No te da calor? ¿Por qué no te sacas la chaqueta? Porque a pesar de intentarlo cuando me saco el chaleco siempre vuelven a mirarme y vuelvo a sentirme vulnerada, menos humana, más bien sin dignidad.